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Licenciar las licencias

17 Feb

Mi primera reflexión quería que fuera sobre las licencias administrativas, paradigma por autonomasia del abuso político. La reflexión me vino inducida por una noticia publicada que advertía de que en materia de libertad de empresa España estaba entre los 30 últimos países de una muestra de los 180 países más avanzados del mundo (y hablando de 180, seguro que no todos era avanzados). ¡Y no se les cae la cara de vergüenza!. No, no me refiero a los que hacen la encuesta, sino a los que hacen las normas que impiden o dificultan la libre creación de empresa y el libre establecimiento.
Cualquiera que tenga un negocio sabe perfectamente que ha tenido que pasar por el difícil trance de conseguir una licencia. Pero ¿qué es una licencia? Como podemos fácilmente imaginar, es una autorización.Una autorización que nos concede la administración para abrir un establecimiento al público.
Pregunta del millón de dólares: ¿si el local es mío y el negocio que pienso abrir consiste en comerciar con bienes y /o servicios legales, por qué necesito permiso? Si todos tenemos claro que el comercio de libros no es ilícito, tampoco deberíamos pedir permiso para abrir un local en el que comerciar con libros. Y si tenemos la tentación de comerciar con algo ilegítimo, ya vendrás a cerrármelo cuando lo compruebes. Es decir, una cosa es el permiso previo, y otro el control posterior.
La administración nos ha tenido durante años sometida a los abusos de la licencia. Se nos decía (con amparo en decisiones judiciales de lo más variopinto) que no debía importarnos demasiado, porque el otorgamiento de la licencia no era una actividad discrecional (no la dan si les da la gana), sino reglada (nos la dan o deniegan si cumplimos con las normas generales que han dictado). Los problemas son dos:
1- Que el sometimiento a licencia implica mantener el control y poder de la administración sobre los ciudadanos, algo que ni hemos pedido, ni queremos. Yo no he visto a nadie con pancartas en la Plaza del Sol reclamando un mayor control de las administraciones sobre el ciudadano. Nadie se ha manifestado a favor de imponer severas restricciones al libre establecimiento, ni han recogido firmas, ni ha habido jamás un clamor reivindicándolo. Es, sencillamente, una prerrogativa de la que se ha apropiado el político en detrimento de nuestra libertad. Es una ostentación obscena de poder.
2- Porque la reglamentación a la que aluden es sencillamente una forma encubierta de arbitrariedad, pues las normas con las que reglamentan el otorgamiento de la licencia exceden con creces del carácter básico y residual que debe caracterizar a la intervención administrativa. En mi pueblo han llegado a prohibir licencias para determinadas actividades (como oficinas en planta baja, o de establecimientos bancarios o agencias inmobiliarias). Todo un atentado a la libertad.¿Dónde está el límite? ¿Podrán llegar a condicionar el otorgamiento de licencia a que el local lo pintemos de color fucsia, porque al técnico de turno le parece lo más adecuado? ¿Dónde queda el margen para la libertad personal?
Siempre lo justifican por un bien superior. Normalmente suelen acudir a la ficción de la protección al consumidor, excusa que merece todo un capitulo aparte (tomo nota, y si me olvido me lo recordáis). Cuando no al fin social de la propiedad (otra estructura jurídica creada para limitar la forma de ejercer nuestro dominio sobre los bienes que poseemos). O cuando no, a la seguridad colectiva.
Mi propuesta es muy sencilla:
a) Dicten normas básicas y elementales sobre temas esenciales para el ejercicio de una actividad. Repito: esenciales, no cualquier tontería que se les ocurra. Y publíquenlas para conocimiento público.
b) Las normas deben ser estatales, nada de que cualquier municipio pueda restringir los establecimientos en su término.
c) Nada de cambiar las normas cada semana. Tienen que estar claras y perdurar, para que todo el mundo las conozca, las asimile y sepa en todo momento a qué atenerse.
d) Permitan que la gente (a la que se presume honrada, y no delincuentes y piratas) abra libremente su negocio sin ningún permiso previo. Basta con comunicar la apertura una vez llevada a cabo, y tras el convite de inauguración.
e) Vayan ustedes después a controlar si se cumplen las normas básicas, las del apartado a).
f) Y dejen de tocarnos las narices con tantas licencias y normas absurdas, porque de lo contrario amenazo con hacer un catálogo de memeces llevadas a los reglamentos.
La buena noticia es que al parecer la Unión Europea, que a veces sirve para algo, nos ha amenazado y multado por no ajustar nuestra legislación, y que al parecer el estado la va a implementar. La mala: no me creo que las comunidades autónomas no vayan a poner cortapisas. Querrán mantener el omnímodo control y, total, a ellos no les pueden sancionar la UE.
Licenciemos a las licencias.

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Publicado por en febrero 17, 2012 en administracion municipal

 

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